Esta semana es especial, del 1 al 7 de agosto se celebra la semana mundial por la lactancia materna. Y en la ONG Acción contra el Hambre han puesto en marcha una iniciativa para que las mamis blogueras compartamos nuestras experiencias personales con la lactancia. De este modo pretenden dar difusión a la lactancia materna para prevenir la desnutrición infantil con el proyecto Kwashiorkor (#ProyectoK).

El Kwashiorkor es la enfermedad de desnutrición infantil que por desgracia os resultará fácil de reconocer en los niños que la sufren, puesto que su vientre y sus pies se muestran muy hinchados, debido a la acumulación anormal de agua y sodio, junto a la atonía muscular.

Espero que mi experiencia sirva tanto para este fin, como para dar a conocer un punto de vista más, puesto que cada experiencia personal es distinta y enriquecedora para otras madres.

Ahí va 😉


 

Mi experiencia con la lactancia materna se puede decir que empezó antes de que mi hijo naciera.

Antes del parto

Durante el embarazo aprendí muchísimo sobre el tema, bueno, de hecho aprendí todo lo que sé. Digo esto porque antes sólo tenía en la cabeza los típicos comentarios populares, y es que no me avergüenza para nada admitirlo, porque seguro que les pasa a muchas madres. Yo creía que había que dar teta hasta los 6 meses, pero que luego ya empezaban a comer y la teta se dejaba bastante rápido. Veía raro dar teta a un niño mayor de 1 año, y por supuesto estaba convencida de que iba a alimentar a mi hijo con purés… no podía estar más equivocada, ¿verdad?

Me leí “Un regalo para toda la vida”, libro del pediatra Carlos González, que recomiendo a toda mujer embarazada o persona relacionada con pacientes embarazadas o lactantes. Es un libro muy fácil de leer, que explica con una extraordinaria claridad el funcionamiento de la lactancia. La conclusión más evidente es que la lactancia es la forma natural de alimentar a un bebé, por tanto es un método robusto, y regulado de una forma impecable por el bebé y tu propio cuerpo. Tú solo tienes que prestar atención a las señales de tu hijo, y la naturaleza hará el resto para que crezca a su propio ritmo.

Tras el nacimiento

Cuando nació mi hijo, yo ya iba muy mentalizada y estaba segura de que iba a conseguir darle el pecho con éxito.

Antes de 1 hora tras su nacimiento, ya lo tenía desnudo y pegadito a mí buscándome con su boquita. Tumbados los dos en la camilla, mientras me llevaban a lavarme, a ponerme y quitarme sueros y medicamentos, estaba ahí conmigo.

Cuando por fin llegamos a nuestra habitación, y durante todo ese primer día, estuvo mamando un rato cada 2 o 3 horas, durmiendo bastante entre medias. Las enfermeras me decían que lo despertara para ponerlo a la teta si pasaban 3 horas, pero en general se despertaba antes.

Yo no lo veía tan difícil… hasta el día siguiente. Ese día yo estaba sorprendida, porque mamaba cada 20 minutos o así, y luego otra vez, y otra vez… estuve prácticamente todo el día con él enganchado. Entonces me empezaron a doler un poco los pezones, sobre todo uno, pero las matronas me miraron y no había grietas. Habían comprobado su posición al mamar, y también era correcta, así que dijeron que asegurase la posición (boca muy abierta, y que le viera los labios hacia afuera) para evitar grietas.

Cuando nos fuimos del hospital, siguió mamando así durante unos días, cada vez más espaciado, y el calostro fue convirtiéndose en leche (esto lo veía yo al sacar alguna gota con la mano y ver que no era amarilla, sino más traslúcida, y luego más blanca). Tuve suerte, porque la subida de la leche me dio poco a poco, y como mi peque mamaba tanto, no me dolía nada. De hecho mamaba tanto tanto que engordó 1 kg en sus primeros 14 días… la enfermera no daba crédito.

Y después de esos primeros días, todo fue muy de libro, mamaba casi siempre cada 2-4 horas, 8 veces al día. Alrededor de los 3-4 meses se distraía muchísimo mamando, si yo hablaba, o si había un ruido, pero sin darnos cuenta se le pasó. En cuanto a la noche, siempre ha mamado 3 veces o así, hasta los 6-7 meses, cuando empezó a despertarse menos, aunque aún lo hace. Pero cuando se despierta, mama y sigue durmiendo sin rechistar, el pobrete es un santo.

Después de los 6 meses

Así que de ese modo llegamos a los 6 meses, con lactancia materna exclusiva a demanda, muy exitosamente. Dando teta donde hiciera falta… jeje. Y desde entonces, cuando demostró mucho interés por coger la comida, empezamos con el baby led weaning. Poco a poco ha ido probando muchos alimentos, y casi todos le gustan, aunque muestra sus preferencias! Jeje!

Ahora tiene casi 10 meses, y mama unas 6 veces al día (de media) para que os hagáis una idea de cuánto mama y cuánto come, aunque ahora en verano hay días en que son más veces y más cortas.

Mi conclusión

Para finalizar, solo puedo decir que dar el pecho a mi niño es de lo más bonito que he vivido (y sigo viviendo). Son momentos únicos, de una ternura infinita, cuando lo tienes en tus brazos o pegado a ti en la cama, relajado y feliz.

Y antes de acabar, solo quiero comentar que algo importante para nosotros ha sido tener una cuna colecho unida a nuestra cama. Ha sido fundamental para asegurar mi descanso sobre todo al principio cuando el bebé se despertaba con más frecuencia. Casi siempre se calmaba con mi presencia, que era inmediata, en lugar de si hubiera estado en una cuna aparte. De hecho es tan cómodo que aún ahora seguimos utilizándola, y eso que se le está quedando pequeña por momentos.


Si quieres colaborar con el #ProyectoK de Acción Contra el Hambre, lo puedes hacer aquí.

 

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